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viernes, 26 de agosto de 2016

SILENCIO

Es un bello nombre para un caballo. Silencio. Hecho de menos las cabezotadas impacientes del mío en la espalda, al salir o al volver a la cuadra. El silencio empapa la soledad como una niebla espesa y fría, nos recoge por dentro y nos permite oír nuestra voz atropellada y desordenada, tan incoherente a veces como el estruendo de un arroyo en cascada. También añoro sentirme envuelto de esa niebla hecha de gotas de silencio que nos ocultaba el camino en tardes solitarias de invierno, solos él y yo en el campo arropado de sábanas blancas y frías. Algunos días le susurraba alguna historia, casi sin voz. Para que no se asustara el silencio que nos rodeaba. Los caballos tienen buen oído, con orejas parabólicas. Esto nunca se lo conté a nadie, y ahora me lo cuento para no olvidarlo, escribiendo esta historia.
Esta tarde sigo arropándome del frío de la verdad con novelas, películas o series, y me gustaría que se apagara mi luz, envuelta mi mente por un cuento, leído, visto o escuchado. Tanto da.
Y los mejores son aquellos que nos repetimos de niños, que releemos de padres hasta que no sabemos si es real o no. Hoy intuyo, que ayer no, que todo y nada es real, que pueden existir cientos de miles de historias paralelas de todo lo que vemos y tocamos en universos paralelos que nunca se tocan. Y en ese volver a viejos libros, reponen, como no en agosto, la serie de Curro Jiménez. La sonrisa de Sancho Gracia es más cálida que lo que recordaba. Será el color, o más bien la edad, que  tan cargada  va de realidad, tan ligera de sueños, que reparo más que antes en pequeños detalles.
Hoy Silencio, un bello caballo tordo al final del capítulo, restrega su cabezota en la espalda de Curro, y este le sonríe agradecido. Como yo sonreía al mío. Ni Sancho Gracia está ya, ni tampoco puede estarlo  Siencio, y yo abandoné a mi caballo.

sábado, 29 de marzo de 2014

Tres leones

Amanece. Un mar de espigas doradas juegan con el viento en reflejos de sangre bajo un desproporcionado arco de fuego que lentamente emerge sobre el horizonte.
Recostado en el tronco de una acacia, el viejo gran macho deja que su larga melena se mezcle con la hierba alta refrescándose en la brisa de un nuevo día que será caluroso. La noche fue larga. Sus leonas cazaron bien. Hay muchos cachorros que alimentar esta primavera, pero los pastos son generosos y no faltan presas.
Los leones solo son reyes de su familia. La suya es grande, diez leonas adultas, cinco de menos de doce lunas y más de treinta cachorros con dientes de leche. Aún viven en la manada cuatro machos jóvenes que deberán partir este verano a formar sus propios clanes.
Solo puede haber un Rey, y el viejo gran macho lleva muchos veranos reinando entre sus hembras, dándoles cachorros sanos y fuertes y protegiéndolas de pretendientes que cada primavera le retan para derrocarle.
Cuantas camadas más podrá aguantar. Sus colmillos cada vez están más amarillos, ya no es tan rápido, ni tan fuerte como antes. Y los jóvenes machos cada vez tienen más hambre de poder.
Solo un rey por clan. Solo un monarca dentro de las fronteras que marca cada tarde como un puesto fronterizo dibujado sobre la sabana.
El León degusta la brisa con las fauces abiertas, leyendo en él los olores que le trae las historias de vida de su alrededor. En el cielo de su paladar se dibujan los antílopes que pacen cerca del riachuelo de piedras anchas, las apestosas hienas del clan del baobab, y… ¿Qué es eso?
El olor de dos machos jóvenes le recorre la boca hasta el espinazo como si una garra le desgarrara la piel. Dos leones han invadido su territorio y avanzan resueltamente hacia el corazón de su reino.
Varias leonas se han levantado nerviosas y lo miran con sus ojos amarillos. Todas han olido la presencia de dos machos adultos dentro de las fronteras.
Sólo puede haber un rey. Ni dos ni tres.
Las madres reúnen a sus cachorros y montan guardia a su alrededor. Si el viejo gran macho fuera derrotado, el nuevo rey mataría sin compasión a toda su descendencia para procrear a su propia estirpe.
Que dos machos adultos caminen juntos es inusual. Ocurre en raras ocasiones que dos hermanos se vayan juntos de su clan cuando son expulsados por el patriarca. Por el Padre. Y permanecen juntos para cazar. Y juntos avanzan para derrocar a un Rey.
Dos leones asociados son una grave amenaza para el viejo macho. Debe enfrentarse solo con ellos. Sus leonas nunca le ayudarán en esa lucha. Su admiración y cariño no es suficiente para quebrantar la ley de la sangre.
Piensa viejo. Piensa, se dice mientras el olor es cada vez más intenso.
Esta noche la caza fue buena. Todos comieron bien en el clan. Los jóvenes machos seguro que tienen hambre. Y estarán cansados, pues son cruzados errantes en busca de conquistas. Pero son dos…Nunca antes tuvo que enfrentarse contra dos rivales a la vez…
El viejo León yergue su poderoso cuerpo estirándose con parsimonia y rasgando la tierra con sus garras como arados que marcan la corteza del Serengueti.
Se dirige a la reina, su lugarteniente más leal, para que movilice a sus cazadoras. Vamos a hacer caminar a esos dos mininos y no dejarles comer.
Más tarde les hará frente, cuando estén algo más cansados, hambrientos y nerviosos.
Toda la mañana El viejo macho marea a los jóvenes guerreros moviéndolos por todo su reino. Las leonas han hecho bien su trabajo espantando a cualquier posible presa. Ese poder del miedo si lo ejercen sin piedad sobre el resto de habitantes de su reino, pero solo en casos excepcionales como este. Sino conviene que la caza conviva cerca y solo se mate lo estrictamente necesario.
A medio día el viejo decide afrontar a sus rivales. Dispone a las madres en el camino de acceso de los machos. Necesita a sus cazadoras, y estas sólo se enfrentarían a los machos por proteger a sus cachorros, no a él.
Cuando al fin los dos leones alcanzan a la manada, el cansancio y el hambre les ciega. Quieren a ese viejo rey derrocado rápido para adueñase cuanto antes de sus hembras y de su coto de caza.
Cinco imponentes madres se interponen en su camino.  Uno de los dos machos se lanza amenazante para apartarlas  de su camino. Ellas temen que sus cachorros agazapados no muy lejos de allí, en una pequeña hondonada, corran peligro, y se enfrentan a él con resolución.
El viejo aprovecha la ocasión para lanzarse contra en segundo macho distraído mientras observa a su hermano con las leonas.
El ataque sorpresa del viejo, junto con la fiereza de las leonas defendiendo a sus cachorros, amedrentan a los dos jóvenes e inexpertos guerreros que se marchan al trote con los hocicos ensangrentados y con rojas rayas en su pelaje pardo.
El clan del viejo macho vuelve con paso lento y majestuoso a las sombras de sus aposentos de siesta.
La larga melena vuelve a frotarse en la veja acacia. Esta nueva camada suya serán futuros reyes y prolongarán su larga estirpe por muchos años.
Es viejo, ya no es tan fuerte ni rápido como antes. Ya no ve a las gacelas cuando se alejan demasiado. Pero los años le han hecho un regalo prodigioso.
Experiencia.

Juan Antonio Pérez Masson.
27 de Marzo de 2014


Para Fernando, un magnífico ejemplar de Rey León sabio con voz rotunda que me honra con su amistad.

lunes, 26 de agosto de 2013

Creer

Mentí ayer por miedo, vanidad o vergüenza.
Ayer mentí, para dibujar otra imagen de mi.
Otra mentira dije por hacerme el gracioso.
Otra falsedad por no querer herir a quien se ama.
Tanto mentí  que me llamaste mentiroso.
Y me quedo la huella, como otra mancha en la piel que me regalaron los años.
Como una arruga de expresión.
Ayer también muchas verdades dije. Al menos  aquello que creía ser verdad. Que con eso basta para ser sincero, pues a nadie se nos pide sabiduría más allá de nuestro entender.
Y hoy que nada te oculto, hoy que convivo día a día con la humilde y esquiva verdad. Aquella que siempre viste de gris, hoy un olvido lo tomas por falsedad.
No te culpo, pues en la cara llevo la fea mancha de la mentira que no se borra.
No te culpo , pero ¡Cuanto duele en el pecho una verdad ignorada!
Nuestro pasado nos acompaña, y no dejamos nunca de pagar nuestros errores.
Pareciera que cada mentira se cobrara una verdad descreída.
Son deudas muy largas de saldar, y no nos dieron el cuadro de amortizaciones.
Creer o no una palabra depende del saldo de quien la diga.

viernes, 15 de febrero de 2013

Whats App

Ultima vez hoy a las 11:50......a las 12:12 mi mensaje solo tiene una rayita, y a las 14:16 también tiene solo una. Espero verte en línea y que mis mensaje se adornen con otra rayita más. Sabré entonces que estas presente, que lees mis mensajes y quedaré prendido de la pantalla si te veo escribiendo.
Hace apenas año y medio desconocía esta convención de comunicación. Hoy de algunos sólo sé por el Whats App, de tí espero otra rayita para respirar.

martes, 11 de septiembre de 2012


La playa

 

La playa es como un libro antiguo que nos habla de la vida y del tiempo. La arena fina y blanca son hojas espolvoreadas por tanta lectura, por millones de dedos que rozaron sus páginas. En la playa se funde el agua inmensa en una frontera porosa de sed insondable. Y el sol.

El sol se recuesta perezoso en el lomo ondulado de grano fino , calentando con su hálito la piel blanda y profunda de arena. El sol besa la playa, en un beso que se repite desde espacios de tiempo en el que el hombre se diluye como  aquel grano de sal en la gota de mar que, proyectada al aire por el desplome sordo y ronco de una ola, cae en la piel de la playa para darle sabrosura.

De conchas y huesos creados por la vida, de rocas henchidas de polvo de estrellas, de sal y de pieles que fueron acariciadas, esta tejida la arena que rodea mi piel cuando en ella me recuesto.

Un punto azul pálido te decía yo el otro día, es nuestra casa .Tumbados en nuestra playa ya sin sol, en la que un arco de luna  regalaba una luz de sombra que ocultaba el rumor constante del agua llegando siempre.

Como un punto azul pálido nos contaba Karl Sagan  que se veía la tierra desde el espacio ,en mis lecturas de juventud. Porque allí tumbados en nuestra piel , toda la vida se manifiesta. Desde el siempre hipnótico y profundo lienzo de las estrellas, hasta el rumor rítmico del agua al derramarse en la esponja de la arena. Como tu vientre húmedo y fértil, capaz de brotar sonrisas y miradas, que acaricio profundo con mi tacto más intenso.

sábado, 28 de abril de 2012



Libertad, igualdad y fraternidad adornaban el porche de entrada de mi colegio, como una isla en el mar del desaliento de la España de mi infancia.
Un catorce de Julio, el de mil novecientos ochenta y nueve, el hambre, el dolor, la rabia, o quizás una luz en el neurocortex colectivo, hizo que un puñado de parisinos se revelaran contra sus propios genes de sumisión. Era martes y el precio del pan alcanzó un precio de hambre infinita.
Desde entonces la historia de la humanidad contó con una nueva forma de sentarse las tribus alrededor del foro. Nace la república donde el líder no es hereditario, en la que el ciudadano es igual ante la ley, es libre de contradecir al poder sin que le corten la cabeza,,,,, Ya ya, sé en qué estareis pensando ahora. en los ríos de sangre que propició aquel grito de basta ya. Somos asi, somos así, humanos. Bastante salvajes, y no obstante con sentimientos capaces de hacernos casi inhumanos. es decir buenos. Por cierto sabíais que el doctor Guillotín, padre de la tristeme célebre guillotina, además de médico era diputado y defendió que el hombre debía de ser igual ante la muerte. Hasta entonces solo se le cortaba la cabeza a la aridtocracia, al resto se les colgaba. El bueno de Joseph recuperó un artilugio que se usaba por aquel entonces en escocia para reducir el sufrimiento de los reos. Monsieur Guillotín era contrario a la pena de muerte, más su corazon buscaba aliviar el dolor de sus congéneres. Joseph-Ignace era masón. Buena gente. Nunca supo que los guilotinados se veían caer en la cesta. Un par de segundos da para mucho, y el cerebro sigue funcionando con el fruto del último latido de su corazón.
Pero me he desviado mucho de lo que os quería contar. Libertad, igualdad y fraternidad son para mí los únicos valores capaces de arrancarnos de nuestra brutal humanidad, y iluminar en nosotros una chispa de bondad, de inteligencia, de amor colectivo. De generosidad.
Vivimos un momento especialmente perverso en lo que a sociedad se refiere. Y cuando no quizas. Si, pero yo creo que ese aliento fraterno que alimento la idea de república frente a las trasnochadas monarquías, y no hablo de la actual monarquía española cazadora de elefantes que es tan solo una concesión al recuerdo histórico en la pechera de la democracia de sangre republicana, ese aliento digo es emocionalmente mejor que el totalitarismo, que el poder caprichoso y enfermo anclado en el terror.
Hoy el dinero es el tirano moderno. Hoy el capital esta corrompiento y mordiendo el corazón de nuestras democracias hijas de aquel martes de julio en Paris. Hoy las libertades se recortan incluso en las patrias donde brotaron esquejes de liberdad, de igualdad. La fraternidad siempre ha sido la hermana pobre en sociedad, solo se alberga en el pecho de unos pocos hombres.
Y más allá, donde nunca creció esta hierba, no hay esperanza.
Necesitamos un poco de luz, algunos hombres buenos que alumbren de nuevo la hoguera de aquellas letras de bronce en la entrada de mi cole,,, Liberté, Égalité, Fraternité hermanos.

martes, 24 de enero de 2012

En el tren


El atardecer bebe la luz de los campos andaluces con pequeños sorbos silenciosos.Las imágenes de los olivos anclados en sus campos se volatilizan poco a poco hacia el cielo, saturándolo de color y materia. Las casas blancas de los pocos pueblos y aldeas que aparecen brevemente por la ventanilla del tren, apenas si son ya manchas que clarean sobre un lienzo oscuro.
Doscientos noventa y cuatro kilómetros por hora.
El Talgo se catapulta hacia Málaga cuando recibo tu mensaje de que te vas ya a casa.
Un rayo de luz denso y rojizo se cuela entonces por los cristales del lado derecho del tren intentando aferrarse a las butacas del vagón antes de desfallecer del todo. Pero en mi pecho ha dejado su huella de calor y abrigo.
Por la ventanilla izquierda, en la que se hunde mi mirada, parece que la noche brotase del suelo a medida que, en su giro, la tierra oculta el sol a mis ojos, mientras le ofrece el otro lomo para calentarse todos sus costados. El sol. Un incendio salvaje y descontrolado en mitad del espacio frío y casi vacío. Nunca se me ocurrió preguntar de dónde bebe el sol el oxígeno que necesita para arder de esa manera.
Tu mensaje. Tus palabras son como luciérnagas que se cuelan por mi mente para iluminarla un poco en medio de tanta noche latente. Casi nada se ve ya por mi ventanilla. El Talgo, veloz, arrastra ante mis ojos los perfiles más cercanos hacia mi espalda en una carrera vertiginosa. Sombras negras de arbustos y lomas recortadas en azul añil.
Tú en mi cabeza. Tú en mis ojos. Tú en el aire que absorben con ansia mis pulmones, hambrientos de aire para preservar la vida que les quede a mis neuronas.
Doscientos noventa y nueve kilómetros por hora. Eso pone en el lumminoso verde al final del vagón. Casi cinco mil metros por minuto se añaden a nuestro distanciamiento. Demasiado rápido, demasiado lejos.
No sé qué sentido tiene que los trenes corran tanto, ni tampoco sé muy bien porqué me subo en los trenes donde no te encuentras.